Cuando alguien descubre que tiene un don comprende por fin por qué se siente distinto de los que lo rodean. Cree que el destino lo ha elegido para alcanzar logros inigualables. Pero no es cierto. El destino solo existe cuando se mira hacia atrás. Lo único que está en la mano de quien ha recibido un don es abrir la puerta, salir de su casa y comenzar una aventura. Todo puede salir bien, todo puede salir mal. Quizás las metas que termine por alcanzar sean muy distintas de las que un día imaginó. Esto es lo que le ocurrió a un niño llamado Bruno, que nació en una tierra muy pobre y desapareció un día delante de un millón de personas que gritaban su nombre y le aplaudían a rabiar.

Los niños sin nombre (Kolima Books)

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Una novela, ¿eh?

Yo por mis hijos estoy dispuesto a sacrificarme, pero lo justo. Si un día tengo que tirarme a un mar helado para sacarlos del agua, lo haré y hasta allí habremos llegado. Pero en el día a día se trata de compartir momentos. Y no es justo que a los padres nos obliguen a ver algunas series o películas y a leer con ellos según qué cuentos. A ese océano ártico no salto. Cuando mis hijos eran muy pequeños prefería inventarme algunas historias antes que recurrir a versiones insufribles de los cuentos clásicos. Y, como suele pasar, alguien me dijo: “¿por qué no las escribes?” Me puse con ello y un día descubrí que una de las historias reclamaba mi atención: “¿pero no ves que soy una novela, merluzo?” Y vaya si lo era.

 

 

Entonces, ¿es Los niños sin nombre literatura infantil/juvenil o adulta?

No vi Up cuando la estrenaron porque pensaba que era infantil, y ahora es una de mis películas preferidas. No entre las películas de animación, sino entre todas las películas. Mi hijo de nueve años devora las viñetas de Calvin y Hobbes porque no sabe que son “para mayores”. He procurado que la novela esté al alcance de un niño de doce años un poco más maduro de lo corriente y de cualquier muchacho de entre catorce y dieciséis años. Pero la idea es que si un padre echa un vistazo a lo que está leyendo su hijo, se meta en el mundo de Bruno, Lara y Relámpago y ya no pueda salir hasta la última página. ¿Quieres saber si el libro es para ti? Tendrás que descubrirlo. De momento, he dejado al comienzo de esta página el primer párrafo. Próximamente, más.

Vale, bien, pero, ¿de qué va la historia?

Los niños sin nombre estará a la venta antes de la navidad de 2017. Este texto irá en la contraportada:

La vida de Bruno cambia por completo el día que encuentra un sombrero de copa con una nota en su interior: “Te esperan en Nueva York”. Descubre que tiene un talento poco común y comprende por qué siempre se ha sentido fuera de lugar. Dejará su tierra y cruzará el océano para vivir una aventura muy diferente de la que él había soñado, en la que encontrará a otros personajes, niños y adultos, tan extraordinarios como él. Juntos, conocerán un oscuro mundo subterráneo gobernado por hombres crueles y habitado por los niños sin nombre. Bruno y sus amigos se enfrentarán a grandes peligros y profundos dilemas: ¿cuánto debo arriesgar para ayudar a los demás? ¿Cómo actuar cuando tenemos que elegir entre lograr lo que nos hemos propuesto y hacer honor al vínculo que nos une con los demás?
Los niños sin nombre es una novela de aventuras sin tregua, repleta de personajes luchadores que se encuentran a sí mismos de la mano de sus amigos. Habla de la necesidad que tenemos de pertenecer a algún lugar y, al mismo tiempo, de dejarlo todo atrás; de lo que se oculta bajo la superficie de los lugares que idealizamos; habla, sobre todo, de la paradoja de la identidad: nos sentimos únicos pero no somos nadie sin los demás. Por eso, cuando nos preguntan quiénes somos, contestamos con algo que no elegimos, sino que nos dieron: nuestro nombre.