Juan de Ávila González Moyano. Lo digo y piensan: ¿quién va por ahí presentándose con tres apellidos? O piensan que soy Juan (nombre) de Ávila (apellido simple) González-Moyano (compuesto), y dan por hecho que soy un aristócrata. Probablemente venido a menos.

O no piensan nada de esto, sólo se quedan extrañados, preguntándose si han oído bien.

Mis primos pequeños me llamaban Juan de Águila (¿por qué no lo habré usado nunca? ¡Es magnífico!). En el cole me pusieron Juande. Procedimiento estándar: Juan Manuel era Juanma, Fernando era Fernan, Alejandro era Álex y Juan de Ávila fue Juande. A veces pienso que es ridículo presentarse como Juande cuando superas los 40 años. Pero si has sido Juan de Ávila y te presentas como Juan, te quedas con hambre.

Nací en Caracas, así que era lógico que algunos caraqueños pensaran que lo de Ávila era por el monte que domina la ciudad. No es así, se debe a un santo castellano, doctor de la Iglesia, enterrado en Montilla , cerca de Puente Genil (Córdoba), el pueblo de mi familia.

Amo a Asturias pero sólo me mudaría a Andalucía si no pudiera vivir en Madrid. Soy un paleto madrileño que no ha pasado más de un mes fuera de su ciudad desde que volvió de Venezuela, casi recién nacido. Como la mayoría de mis vecinos, no creo que haya nada especial en ser de Madrid, aunque nos encanta que otros la elogien. Narcisismo subrogado.

Navego por placer en mis enormes lagunas culturales. Practico un madridismo equidistante. No me gusta correr, pero menos me gusta engordar. Lo mejor que he hecho por mí mismo ha sido dejarme barba. Soy conservador, socialdemócrata y liberal: quiero conservar la socialdemocracia, que es un liberalismo realista. Si huele a reacción, llamo a animales muertos; si huele a utopía, llamo a los bomberos. El amor, los afectos y la ternura lo son todo, vale la pena echarlos de menos. Pedid otra cerveza. Bailad. Tened hijos.

Mi biografía es interesante si imagino a mis hijos contándoles a los suyos:

-¿Sabías que el abuelo empezó vendiendo camisas?
-¿En serio?
-Bueno, trabajaba en una empresa de camisas a medida. Y fue el gerente de una que hacía trajes.
-Pues no le pega nada, va con unas pintas…
-Luego vino una crisis muy gorda y tuvo que cambiar de vida ¿Sabías que estuvo en un partido político?
-¡Hala, en cuál!
-Bueno, no lo conoces, no duró mucho.
-¿Y qué hacía allí?
-Él dice que sobre todo escribir.
-¿Pero era un político famoso?
-No, famoso no era. Pero la política sí le gustaba.
-Eso le pega más.
-¿Y sabes que publicó una novela?
-¿De verdad?
-Sí, se llama Los niños sin nombre.
-¿Y se hizo famoso como escritor?
-No, famoso nunca ha sido.
-Ya me parecía.
-¿Te cuento más cosas del abuelo?
-No, gracias.