Sobre Mother!: por qué hay cosas más importantes que entender una película a la primera

mother!

Hace poco leí que la película Mother! (¡Madre!) de Darren Aronofsky había sido nominada a los razzies, algo así como los anti-óscar para las peores películas del año. Poco después, Cristian Campos escribió sobre ella, muy favorablemente, en El Español y en Twitter. Y antes que Campos, la defendió Scorsese en un vibrante artículo en el que criticaba ciertos sistemas de valoración de películas propios de nuestros tiempos, que tienden a maltratar películas como Mother! por no ajustarse a categorías o géneros evidentes. Es fácil ver que se trata de una película alegórica, pero no captar cuál es la alegoría. Yo me quedé con que iba del proceso artístico como algo cruel, capaz de sacrificarlo todo a cambio de una experiencia de la que extraer una obra valiosa. En realidad, según explica Campos, las piezas encajan mejor si se ve como una alegoría de la Creación.
Esto no importa tanto -viene a decir Scorsese (y también Campos) -como los valores puramente cinematográficos, la experiencia que proporciona a través de todos los recursos que actores y director ponen en juego (que son muchísimos). “Sólo un verdadero y apasionado autor cinematográfico podría haber hecho esta película, que todavía estoy experimentando semanas después de haberla visto” -dice el director de Taxi driver. Y añade: “las buenas películas de los auténticos autores no se hacen para ser descodificadas, consumidas ni comprendidas instantáneamente. Ni siquiera se hacen para gustar instantáneamente”.


En Contra la interpretación, Susan Sontag dice: “en la mayoría de los ejemplos modernos, la interpretación supone una hipócrita negativa a dejar sola la obra de arte. El verdadero arte tiene el poder de ponernos nerviosos; al reducir la obra de arte a su contenido para luego interpretar aquello, domesticamos la obra de arte. La interpretación hace manejable y maleable el arte”. Y más adelante: “Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver más, a oír más, a sentir más”. Temo que desde pequeños nos enseñan demasiado a interpretar y poco a ver, oír y sentir, tal vez porque creemos equivocadamente que eso lo traemos ya de serie.
Algo parecido a lo que me pasó con Mother! me pasó con Silencio, del propio Scorsese. Cuando terminó, me sentía incómodo. No estaba seguro de que me hubiera gustado. Uno o dos años después de haberla visto, la recuerdo de una forma muy intensa, y junto con el libro de Emmanuel Carrère El Reino y la serie de Paolo Sorrentino The young pope, me ha hecho ver la fe -un fenómeno que me es ajeno -como algo mucho más interesante que hasta ahora. No tanto por lo que cuentan como por la manera en que transmiten los dolorosos conflictos que a sus protagonistas les acarrea ser consecuentes con su fe.
Al principio de este post he dicho que Mother! me parece una de las mejores películas del último año, no que me haya gustado. Y, por supuesto, podría decirlo, lo que ocurre es que eso no me parece decir mucho. Creo que deberíamos hablar más a menudo de las películas que vemos, los libros que leemos, o la música que escuchamos, pero sin sentirnos obligados a emitir un juicio ni a desentrañar el significado último, sino simplemente explicándonos lo que hemos sentido al verla.

Última cita de Sontag: “En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte”.